Por qué elegimos a quienes nos gobiernan

publicado en La Gaceta

Por Jorge Ballario

El historiador y pensador Yuval Noah Harari advierte sobre una paradoja de nuestro tiempo: hemos alcanzado un enorme poder tecnológico sin desarrollar, necesariamente, una prudencia equivalente.

Según Harari, nuestra biología puede ayudar a explicar por qué personas impulsivas, narcisistas o poco reflexivas llegan a posiciones de poder. La evolución no nos preparó para buscar la verdad, sino para sobrevivir: quien habla con certeza puede resultar más convincente que quien conoce la complejidad de un problema y admite sus dudas.

Las sociedades necesitan relatos compartidos —naciones, religiones, dinero, fronteras o determinadas ideas políticas— para organizar la cooperación. Pero quien percibe sus contradicciones y matices puede tener más dificultades para transmitirlos que quien cree firmemente en ellos.

En las redes sociales, los algoritmos privilegian aquello que provoca reacciones: miedo, indignación, odio o burla. Una explicación rigurosa puede perder frente a una afirmación falsa, simple y emocional. Este entorno no solo refleja nuestros impulsos, sino que también los amplifica.

Para Harari, los líderes son, en cierta medida, un síntoma de nosotros mismos. Ante la incertidumbre buscamos seguridad y respuestas sencillas; incluso podemos preferir a quien sentimos como parte de “los nuestros” antes que al más capaz.

El desafío no consiste solo en cambiar a los líderes, sino también las condiciones que los favorecen. Recuperar la soberanía sobre nuestra atención, cultivar el silencio y la lectura profunda, y fortalecer la ciencia, el periodismo y las instituciones independientes pueden ayudarnos a pensar antes de reaccionar.

El futuro dependerá no solo de la tecnología que seamos capaces de crear, sino de la conciencia con que aprendamos a utilizarla.

 

Fuente:
La Gaceta
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