Por Jorge Ballario
El estudio sobre cómo influyen los estados mentales en el sistema inmunitario avanza en el conocimiento de procesos complejos como la formación de tumores.
La Psiconeuroinmunología estudia cómo los estados mentales influyen en el sistema inmunitario y, en consecuencia, en procesos complejos como la formación de tumores.
En hospitales psiquiátricos, estudios de cohorte han mostrado una incidencia de cáncer más baja que en la población general. Esto resulta llamativo si se considera que los pacientes internados suelen presentar mayores factores de riesgo, como tabaquismo, sedentarismo o dietas poco equilibradas. Las diferencias más marcadas aparecen en cáncer de pulmón, próstata y colon.
Las personalidades obsesivas o altamente autoexigentes tienden a vivir en tensión sostenida. Esa forma de habitar la experiencia, orientada al control y la anticipación, mantiene activada la respuesta al estrés y expone al organismo a un desgaste silencioso que debilita sus defensas.
El paciente psicótico, en cambio, al quedar capturado en un presente —aunque alterado—, suele estar relativamente desligado de la angustia por el futuro o la culpa por el pasado. Si bien la psicosis implica sufrimiento, se trata de una tensión distinta, menos ligada a la autoexigencia y más a la desorganización de la experiencia.
Desde la oncología se ha descrito la “Personalidad Tipo C”, cercana al neurótico obsesivo: inhibición de emociones negativas —en especial el enojo—, necesidad de agradar, evitación del conflicto y rigidez interna.
Cuando una emoción intensa se reprime de manera sistemática, el malestar no desaparece: se vuelve silencioso. El sujeto sostiene una vigilancia interna constante. En el psicótico, al no consolidarse una estructura del yo tan rígida, esos mecanismos fallan y las emociones emergen más directamente; cuando se expresan, aparece cierto alivio y el cuerpo recupera, en parte, su capacidad de autorregulación.
Si trazamos una analogía entre el psicótico y el artista, el punto de encuentro aparece en la disolución de esa rigidez. Comparten una menor capacidad para filtrar estímulos irrelevantes.
Donde la mayoría descarta detalles, el psicótico queda desbordado —caos— y el artista logra organizarlos —creación—. En ambos emerge un flujo psíquico más abierto, que evita que las emociones queden fijadas en estructuras rígidas. Ambos tienden a desmarcarse de normas y expectativas externas, reduciendo una fuente persistente de tensión.
Se denomina “estado de flujo” a momentos de concentración plena en los que se diluye la noción del tiempo y el peso del yo, como en la creatividad. En la psicosis, algo de esto puede aparecer de manera involuntaria, con un elemento en común: la suspensión del juicio crítico constante propio del obsesivo.
El psicótico y el artista logran así relativizar esa “cárcel de convenciones” de la vida moderna. Desde esta perspectiva, ciertas enfermedades podrían pensarse como el costo de una adaptación excesivamente rígida.
En síntesis, distintas líneas de investigación sugieren que la modulación emocional y la actividad creativa funcionan como factores protectores.
Por último, desde el psicoanálisis, el neurótico obsesivo, el psicótico y el artista pueden pensarse como tres posiciones frente a la Ley: el primero la vuelve una instancia superyoica implacable; en la psicosis no se inscribe (forclusión).