Por Jorge Ballario
“Torbellino ideológico-cultural” es el concepto que propongo para reflejar algunos de nuestros excesos cotidianos: exceso de información, de ideología y de demandas, provenientes de la cultura, de los medios o de las empresas.
Hoy existe una infinidad de “anzuelos simbólicos”, que bombardean a los desprevenidos individuos. Estos, al llenarse de lo que proviene del exterior, se vacían de sí mismos. Este vacío existencial estaría en la raíz de la ansiedad, del insomnio y de los dolores crónicos que, entre otras patologías, sufre el hombre actual. También el estrés y la dispersión son consecuencias de dicha hiperestimulación. Uno de los mecanismos productores de ansiedad generalizada es la dispersión de los sujetos: ¡existen demasiadas opciones para pensar, adquirir o desechar, ya sea en forma de información o de productos y servicios de consumo…!
Esta vorágine informativa hace, por ejemplo, que los diversos temas que alguien inició con su interlocutor queden abiertos indefinidamente, sin finalización, dado que no hay tiempo para todos y ni se pueden recordar con nitidez.
Quedan en una nebulosa mental, que se vincula con el malestar de quien los percibe como puntos pendientes, provocando una sensación de frustración. Además, esa manera de relacionarse con los demás y con la información superficializa al hombre y las relaciones.
Tal como vemos, la hiperestimulación actual genera ansiedad y estrés. Hay un parentesco, y a la vez una distinción, entre ambos conceptos. La ansiedad es un estado mental que se distingue por una gran excitación e inseguridad. En cambio, el estrés se caracteriza por la fatiga mental, y generalmente es provocado por la exigencia –externa o interna– acompañada de una excesiva responsabilidad.