Por Jorge Ballario
El socialismo, según lo entiendo, fracasa porque parte de la premisa de que el ser humano es intrínsecamente bueno y que el capitalismo lo corrompe. Sin embargo, la psicología sugiere lo contrario: el ser humano no es únicamente bueno por naturaleza; es egoísta, competitivo y envidioso. Estas características son el resultado de la evolución y del incipiente ordenamiento social y cultural que permitió el surgimiento de la vida civilizada; sin cultura, prevalecería la barbarie. En lo más profundo de la vida humana, el egoísmo es inevitable.
El capitalismo, en este sentido, prevalece porque es el sistema socioeconómico que mejor refleja la naturaleza humana, pues se adapta a las inclinaciones más básicas del ser humano. Al observar a los animales, es evidente que el egoísmo forma parte de nuestra esencia. El socialismo, por otro lado, parte de la creencia equivocada de que el hombre es una especie de “alma bella” que el capitalismo pervierte. En realidad, lo que potencialmente lo corrompe es la lucha por su propia supervivencia: la necesidad de satisfacer sus necesidades básicas, como alimentarse, protegerse de los peligros y defenderse de otros seres humanos y animales.
Los políticos socialistas, que sostienen esta idea de la bondad innata del hombre, deberían reflexionar sobre su propio comportamiento. En muchos casos, ellos mismos son profundamente egoístas, aunque se presenten disfrazados de corderos.