Similitudes entre los ricachones avaros y también muchos políticos

Clarín — 10/08/15

 

Según Wikipedia, la avaricia es “el deseo desordenado de poseer riquezas, bienes u objetos de valor abstracto con la intención de atesorarlos para uno mismo. Es un afán excesivo por la búsqueda de riquezas, estatus y poder”. Tras esta definición, nos solemos imaginar el clásico rico avariento y solitario, que es despreciado por la sociedad debido a su total ausencia de generosidad y sentido social.

Sin embargo, si tomamos sólo la última parte de la descripción -el afán excesivo por la búsqueda de riquezas, estatus y poder- podemos extrapolarla con comodidad a algunos políticos potencialmente corruptos, pero de seguro hipócritas. Me refiero a ciertos candidatos, mandatarios y líderes obsesionados con la imagen, con la intención de voto, o con cualquier otro indicador de su “capital político”. ¿No es este concepto, acaso, un equivalente simbólico de la “riqueza” de estos personajes?

Supongamos que sí. Entonces, en este punto, las aspiraciones de esta clase de políticos serían análogas a las del hipotético ricachón avaro. Sin embargo, se nos presenta ahora una aparente diferencia en cuanto a la generosidad social que los avarientos de dinero, por lo general, no poseerían, y sí los políticos, aunque no todos. Es precisamente en este último subgrupo, minoritario, en lo que quiero recalar. Algunos líderes y mandatarios de esta categoría son extremadamente hábiles para utilizar sus destrezas y cualidades, carisma, locuacidad, capacidad de liderazgo, e inclusive, una apariencia confiable, como efectivos medios para ocultar sus perversas y avarientas intenciones, y sus nulos propósitos sociales.

A pesar de esto, algunos de ellos obtienen un formidable rédito individual en el terreno político. El problema es que estos perversos personajes, al valerse de tales habilidades sociales solamente para sus avarientos fines, las han vaciado del sentido que la gente les atribuye, y por eso logran consumar el engaño.
Llegados a este punto, podemos comprobar cuánta similitud existe entre el “ricachón avaro” que conjeturamos al comienzo y el tipo de líder político que acabamos de describir.

 

fuente:

www.clarin.com

 

 

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