¿Qué le ocurre a Mario Bunge?

 La Capital — 06/06/10

Por Jorge Ballario

Hace algunas semanas, el conocido filósofo Mario Bunge, coincidentemente con sus 90 años, realizó una maratónica visita a nuestro país, a “la patria”, según sus palabras, donde concedió más de diez entrevistas, y otro tanto de conferencias. En esta visita produjo una sistemática y virulenta embestida contra el psicoanálisis.

Bunge considera al psicoanálisis como la pseudociencia más exitosa, y paralelamente es la que más ataca. Este hombre, con su animadversión y hostilidad al psicoanálisis, genera casi la certeza que son otras las razones que lo impulsan, además de otorgarnos el derecho a conjeturar sobre sus “actos”. ¿Qué le ocurre? ¿Le promueve algo de envidia el éxito de nuestra disciplina, especialmente aquí en “la patria”? ¿Siente que la filosofía científica que desarrolló nunca va a tener el éxito del psicoanálisis, ni el de su creador? ¿Rivaliza con Freud por un lugar en la historia? Tal vez intuya que la única manera de obtener más visibilidad es reduciendo el tamaño de la figura de Freud, para no quedar cubierto por su sombra. En fin, ¿cuál será la motivación profunda de este incansable guerrero, que ni la edad parece detener en sus frontales combates? Por el contrario, todo parece indicar que su creciente e indómita compulsión por trascender es la genuina ganadora de esta batalla, que antes de todo se libró en su mente. Una verdadera “patriada”, de este pretendido “patriarca del pensamiento”.

 

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Mario Bunge — La Capital — 09/06/10

El macaneo me irrita

El señor Jorge Ballario, en su carta del pasado domingo, titulada “¿Qué le ocurre a Mario Bunge?”, sugiere que mis críticas al psicoanálisis se deben a motivos personales. Sugiere que envidio a Freud porque el psicoanálisis ha tenido más éxito que mi filosofía. En las ciencias se critican ideas, no personas. Por ejemplo, se hace notar que tal razonamiento o tal procedimiento experimental es erróneo. Y con frecuencia se sugiere cómo corregir el error. Se dan razones o datos experimentales, en lugar de fantasear sobre los motivos que pudo tener el investigador en cuestión. O sea, se procede con rigor. En cambio, en los ambientes seudocientíficos se ataca a los críticos, no a sus razones ni a sus datos: no se contraponen investigaciones porque no las hay. En particular, desde su nacimiento hace 110 años, el movimiento psicoanalítico no ha construido ningún laboratorio ni publicado ninguna memoria en revistas científicas. Todo es fantaseo y anécdota. ¡Qué contraste con la psicología experimental y la neurociencia cognitiva! Estas ciencias auténticas de la mente y de la conducta son cultivadas por más de cien mil investigadores en decenas de naciones. Estos individuos exhiben honestamente los resultados de su trabajo, para que sus pares aprendan y los ayuden a mejorarlos. El motivo es que buscan la verdad, no el lucro. Cuando critican, analizan trabajos publicados, no autores, y lo hacen con conocimiento de causa y con el único fin de contribuir al conocimiento auténtico. Puesto que el señor Ballario quiere saber qué me ocurre, se lo diré: el macaneo me irrita tanto como me entusiasma la investigación seria. Más aún, creo que es deber del investigador no sólo compartir lo que aprende sino también denunciar estafas intelectuales tales como el psicoanálisis y el existencialismo.

 

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Jorge Ballario — La Capital — 13/06/10

A mí también me irrita el macaneo

El señor Mario Bunge en su carta del martes último, titulada “El macaneo me irrita”, responde a una anterior de mi autoría, denominada “¿Qué le ocurre a Mario Bunge?”. El pretende invalidar mi hipótesis de que sus críticas al psicoanálisis son más personales que epistemológicas. Para ese fin argumenta que “en las ciencias se critican ideas, no personas”. Pero es justamente Bunge el que menos cumple esa regla. Aprovecha casi todas las oportunidades mediáticas que se le presentan para criticar despiadadamente al psicoanálisis y a los psicoanalistas. Nos trata de “macaneadores”, o como si sólo nos importase “el negocio” que haríamos a expensas de nuestros pacientes, o diciendo que somos “licenciados en psicolabia”, y de muchas otras despectivas formas. Pero no todas son diferencias con Mario Bunge, en algo coincidimos, a mi también “el macaneo me irrita”, por eso respondí y responderé las injustas e infundadas agresiones recibidas de su parte.

Además, sigo sosteniendo que existe en él una férrea compulsión subjetiva a combatir al psicoanálisis, si no fuese así, debería cumplir con la racional premisa que enunció, dado que él es un destacado filósofo científico. Pero si permanece en su habitual postura irracional y destructiva frente al psicoanálisis, proseguirá concediéndonos el derecho a conjeturar sobre lo que le ocurre.

Mucha gente piensa que alguien muy prestigioso como Mario Bunge, con una gran trayectoria académica, y que ha realizado una prolífica obra científica, al opinar sobre cualquier tema, goza de una especie de infalibilidad. Sin embargo, esto no es así. Cuando Mario Bunge habla o escribe sobre psicoanálisis, lo suele asaltar una gozosa atmósfera interior de aversión; actuaría un repertorio pulsional que lo impulsa al combate. Es bastante evidente como se transforma al opinar sobre ese tema, incluso los cronistas que lo entrevistan suelen dar cuenta de esa alteración que se produce en él. Esto también se puede constatar en los videos que lo registran. El verbaliza y gesticula su agresión oscilando entre la ironía y el sarcasmo, al tiempo que exacerba su estilo confrontativo, intolerante y descalificador; pareciera que pretende mágicamente abolir el objeto supremo de su odio: el psicoanálisis y sus representantes.

Lo tragicómico de esta situación es que prácticamente la única disciplina capaz de dar cuenta de esa escisión benigna de su personalidad, y de sus causas, es precisamente el psicoanálisis, aunque sólo si se prestase al juego terapéutico. Mario Bunge, al igual que muchos otros cientificistas, pretenderían transformar el “arte de curar” las dolencias psíquicas en una ecuación científica aplicable a todos por igual; pretenderían sustituir las vivencias de cada sujeto singular por una homogénea manipulación química y cerebral. Quiero decirle que no señor Bunge, que afortunadamente por estas tierras muchos no comparten el “mundo feliz” que ya se arraigó con más fuerza en los países del primer mundo. Aquí todavía tenemos chance de evitarlo y lo vamos a intentar.

 

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