Malcriados en masa: un síntoma de época

Por Jorge Ballario

Siempre hubo chicos malcriados: aquellos a quienes se les concedían casi todos los caprichos, que siempre se salían con la suya; chicos a quienes se les facilitaba en exceso la vida y no se les imponían límites. La malcriadez se manifiesta en baja tolerancia a la frustración, ansiedad, desobediencia, agresividad y dificultades de aprendizaje. En esencia, inhibe el entusiasmo vital y la creatividad, motores del crecimiento personal y del éxito.

Hoy, esos rasgos se han vuelto masivos. Estamos ante una mala crianza sistemática, fruto de una cultura global en la que muchas prácticas de crianza, educación y transmisión de valores parecen reforzar este modelo disfuncional. No es casual que la serie “Adolescencia” haya calado tan hondo. ¡Claro! Señaló con precisión una herida tan dolorosa como negada, e inmanejable para padres y sociedad. Ambos, atrapados en la lógica actual del “laissez-faire”, vieron atrofiarse gran parte de su capacidad de orientar y contener, y se descubrieron impotentes.

Tampoco sorprenden ciertos síntomas de época: jóvenes que no logran insertarse, adolescencias extendidas, accidentes frecuentes, falta de límites, la frenética búsqueda del placer, la epidemia de obesidad, entre otros. A ello se suma el aumento de separaciones conyugales, muchas veces alimentadas por la baja tolerancia. Luego, los padres separados compiten por convertirse en el favorito del hijo, en desmedro del otro. Tal vez, en este mismo marco, tampoco sea casual el auge de gobiernos populistas: emergen líderes paternalistas que prometen soluciones inmediatas, saltándose las instituciones.

Las grandes empresas tecnológicas —con intereses afines y un poder de influencia descomunal— no son ajenas a esta cultura de mala crianza masiva. En su carrera por conquistar mercados y maximizar ganancias, han contribuido como pocas fuerzas a la homogeneización cultural y a la difusión de valores frívolos y hedonistas que hoy imperan.

 

Fuente:
Clarín
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