La estética del exceso

Por Jorge Ballario

En el segmento de las pickups doble cabina, vedetes de esta época en la región, se advierte un fenómeno que atraviesa buena parte de la industria automotriz. Basta comparar los modelos de hace veinte o treinta años con los actuales: aquellas primeras Hilux o Ranger parecen miniaturas al lado de las versiones de hoy. Con cada renovación, las marcas no solo modernizaron los vehículos, sino que los agrandaron en casi todas sus dimensiones.

Cuando se pregunta por el motivo, la explicación habitual es: “son tendencias”. Pero ¿el usuario realmente exige pickups más grandes, pesadas y con menor visibilidad? ¿O son los fabricantes quienes, mediante diseño y publicidad global, imponen lo que el público termina aceptando? Para la industria, aumentar el tamaño es una forma rápida de transmitir novedad, seguridad y estatus.

Las consecuencias no son menores. Más tamaño implica más kilos, materiales, energía y un impacto ambiental mayor. Aunque los motores actuales son eficientes, no compensan la masa creciente. En vez de aprovechar esa eficiencia para reducir consumo, se la diluye en vehículos más voluminosos.

En las ciudades, la proliferación de estas pickups complica la maniobrabilidad, el estacionamiento y agrava los accidentes por diferencia de masa y menor visibilidad. Aun con sensores y cámaras, nada reemplaza una visión directa clara.

Las tendencias no siempre expresan lo que la gente quiere; muchas veces reflejan lo que la industria necesita vender. Y el público, entre marketing y resignación, termina adaptándose.

 

Fuente:
El País
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