Clarín 14/08/23
Por Jorge Ballario
En la sociedad actual, la era digital y de la información han provocado que las personas se hallen con la memoria colmada y con escaso tiempo para pensar con mayor profundidad. “El que mucho abarca poco aprieta”, sentencia un conocido refrán. Esa falta de tiempo y esfuerzo para investigar y detectar la información veraz ha permitido que la posverdad se disemine. Además, la difusión masiva en redes sociales y medios digitales de toda clase de información, sumado al “sesgo de confirmación” favorecido por los algoritmos, ha complejizado la distinción entre verdad y mentira.
Esta cultura de la instantaneidad y de la superficialidad hace que los políticos, en general, para captar la atención y los votos de los ciudadanos, se enfoquen en acciones y promesas de resultados inmediatos, en detrimento de una acción política más encaminada a beneficios genuinos y perdurables para la población. Entonces, las visiones políticas de largo plazo se posponen frente al imperativo de lograr resultados inmediatos y obtener un veloz impacto en la sociedad. Sin embargo, la falta de una visión trascendental puede conducir a ejecutar políticas miopes, que ponen en peligro el porvenir del país afectado y sus habitantes.
Es prioritario, dentro de la praxis política, encontrar un equilibrio entre lo instantáneo y lo sostenible a fin de obtener un futuro ciudadano sustentable y responsable.