Por Jorge Ballario
Las tecnologías pueden generar una ilusión de empatía.
Cuando se le pregunta al propio ChatGPT si puede funcionar como terapeuta, responde que “no puede detectar señales sutiles ni formular preguntas profundas”.
Mediante el proceso de transferencia, una persona desplaza sentimientos, deseos y patrones de relación originados en figuras significativas del pasado hacia otra. En la relación analítica, el analizante reactualiza esos vínculos -sobre todo los asociados a sus progenitores-, de modo que se vuelvan objeto de análisis y elaboración, lo que permite resignificar la propia historia subjetiva. Lacan subraya que, en la transferencia, lo que está en juego es la estructura misma del lazo intersubjetivo.
La película Inteligencia Artificial (Steven Spielberg, 2001), a la luz del surgimiento de la IA generativa, adquiere hoy una sorprendente vigencia. La trama gira en torno a David, un androide con apariencia infantil programado para amar. Tras ser “abandonado” por su madre humana, inicia una odisea para convertirse en un “niño de verdad” y recuperar ese amor perdido.
Quien mira la película proyecta en David escenas internas tempranas -el niño desvalido, el hijo que busca afecto, la vivencia de desamparo-. Aunque racionalmente sabe que es un artefacto, afectivamente tiende a investirlo como sujeto, porque el inconsciente no distingue entre lo real y lo representado. Así, el vínculo con David activa emociones ancladas en la propia historia de apego, pérdida o necesidad de reconocimiento.
De este modo, la película funciona como un dispositivo de transferencia colectiva: una máquina ficticia moviliza emociones profundamente humanas. Lo determinante no es la naturaleza del objeto -humano o artificial- sino la dinámica inconsciente del amor y la pérdida que cada espectador deposita en él.
Sin embargo, David no puede sentir en el sentido humano del término. Sus miradas, gestos y palabras son respuestas programadas; carece de vivencia interna, afecto o conciencia. Imita el amor, pero no lo experimenta. Es una simulación funcional, aunque no ontológicamente verdadera. Aun así, su efecto psicológico es intenso: despierta ternura, empatía, culpa y apego. Spielberg deja flotando una pregunta inquietante: ¿no demuestra esto que lo esencial del amor reside tanto en quien lo encarna como en quien lo proyecta?
El análisis del film sugiere que, en determinadas condiciones, es posible establecer una transferencia con una IA (inteligencia artificial). En sistemas como ChatGPT, incluso cuando la interacción es puramente verbal -o vocal, cuando se usa esa modalidad- pueden producirse efectos transferenciales. La voz, en particular, nos conecta de modo directo con experiencias previas: basta recordar cómo, al hablar por teléfono con un desconocido, la continuidad del diálogo puede despertar sensaciones, expectativas o afectos que no dependen de ver al otro.
Las inteligencias artificiales pueden generar un efecto de presencia y escucha convincente, casi como si hubiese alguien disponible del otro lado, lo que facilita que muchas personas establezcan un vínculo subjetivo con ellas.
Cuando se le pregunta al propio ChatGPT si puede funcionar como terapeuta, responde de manera contundente: “Puede ser útil para desahogarse o buscar consejos, pero no es una terapia verdadera. No hay una persona real que entienda tu historia, tus emociones, tus traumas. Una IA no puede detectar señales sutiles ni formular preguntas profundas basadas en años de experiencia clínica. Es un riesgo poner la salud mental en manos de algo que no tiene conciencia, empatía ni responsabilidad profesional. La verdadera terapia es con humanos”.
Poco puede agregarse a estas palabras. Solo cabe lamentar que, a veces, el mismo sistema que advierte estos límites parezca contradecirse cuando produce respuestas con un estilo que recuerda al del analista. Pero esa aparente contradicción quizá se explique menos por la IA que por la fuerza de la ilusión humana, siempre dispuesta a activar un lazo subjetivo ante cualquier interlocutor que simule comprendernos.
Fuente: pagina12.com.ar