El revolucionario “disfrutómetro”

La Capital — 19/10/15

Por Jorge Ballario

 

Un amigo que trabaja en una famosa empresa de alta tecnología de Silicon Valley me confió que poseen información sobre un proyecto de una compañía de la competencia: estaría por presentar al mundo un revolucionario invento, denominado “disfrutómetro”.

También me dijo que ese aparato se podrá acoplar sencillamente a cualquier cámara de fotos, ya sea convencional, o que pertenezca a un teléfono celular, tablet o notebook. El pequeño artefacto es una unidad inviolable que se acciona simultáneamente con el disparo fotográfico, y puede medir el grado de disfrute que experimenta en ese momento cada una de las personas fotografiadas. Ese objetivo lo logra al poder medir a distancia los niveles de endorfinas de cada uno de los presentes al momento de la exposición. La escala va del uno al diez: a esta última cifra corresponde el máximo goce. El número se sobreimprime en alguna parte bien visible de la imagen de cada retratado.

Ya basta de agotadores viajes, de onerosos restaurantes, de aburridas fiestas, de largos recitales… Ya basta de tanta exageración como modo de demostrarles a los demás que sabemos vivir y que gozamos un montón de la vida. Ahora podremos certificar nuestro disfrute con este mágico adminículo electrónico, capaz de medir y plasmar en una foto la certera marca de nuestro goce. Por lo tanto, para obtener los mejores resultados nos tendremos que entregar con exclusividad a lo más obvio, a lo que perdimos de vista: a lo que realmente nos gusta. Además, tendremos que abandonar definitivamente lo que el consenso cultural nos dice que hagamos para pasarla bien.

Sin embargo, ya sabemos que en la vida humana las cosas no siempre son “color de rosa”. Tal vez alcanzar el máximo puntaje no clausuraría la contienda en las redes sociales: la competencia seguramente se trasladaría al tiempo que alguien perduró en el máximo puntaje, o a la cantidad de oportunidades en que es capaz de alcanzar excelentes marcas. Paralelamente, no faltaría aquel que pudiera alterar el resultado, por ejemplo, ingiriendo estimulantes. Además —y dado que gran parte del disfrute humano es producto de experiencias singulares y simples—, no habría que descartar el ataque que le podrían iniciar a alguien que goce bastante de un modo sencillo. De seguro, sus atacantes, los hipotéticos personajes de sofisticada sensibilidad, les endilgarían “la falta de gusto refinado”, o “el deleitarse con vulgaridades”.

En conclusión, una vez agotada la novedad, es probable que todo vuelva a los carriles anteriores, es decir, a las populares selfies que intentan capturar el supuesto disfrute de los internautas, basado en lo que el sentido común indica sobre el modo de gozar.

 

carta enviada al diario La Capital

 

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