Por Jorge Ballario
Existe una abismal disparidad de fuerzas entre los grandes laboratorios internacionales y nosotros. Ellos conforman uno de los grupos capitalistas más poderosos con un descomunal poder de influencia global. Nosotros, en cambio, solo contamos con nuestros modestos pensamientos, nuestras ideas algo obstinadas y nuestras decisiones.
Los intereses de Ellos, no siempre coinciden con los nuestros. Veamos:
Ellos quieren ganar todo el dinero posible. Para eso, necesitan vender muchísimos fármacos. Nosotros, en cambio, nos resistimos a consumirlos.
Nosotros aspiramos a que se investiguen las enfermedades con la esperanza de curarlas algún día. Ellos, en cambio, prefieren cronificarlas y mantenernos bien medicados… de por vida.
Nosotros no queremos que aparezcan nuevas enfermedades. Ellos, sin embargo, son expertos en detectar “nuevos síndromes” donde antes solo había rasgos humanos normales, aunque algo molestos: timidez, distracción, tristeza, cansancio. Nada que un fármaco no pueda “mejorar”.
Nosotros desearíamos que se respeten los límites tradicionales para las enfermedades conocidas. Ellos, con sus pretextos, amplían constantemente esas fronteras, de modo que cada vez más de lo normal sea diagnosticable. Luego, claro, nos ofrecen el remedio exacto para devolvernos a la normalidad… que Ellos redefinieron.
En un punto sí coincidimos: Ellos, igual que nosotros, quieren que vivamos muchos años. Solo que Ellos prefieren que los vivamos medicados.
Las fuerzas son, sin duda, desiguales. Sin embargo, si apelamos al pensamiento crítico, cuestionamos con rigor e investigamos con autonomía, quizás logremos defender nuestra salud sin rendirla a intereses ajenos.
Publicado en La Capital (Rosario)